Dice Eckhart Tolle en su libro UN NUEVO MUNDO AHORA, que a veces al acercarnos a una persona, sin saber porqué, algo de ella nos produce rechazo pero automáticamente la lógica se impone, la persona nos despista con buenas palabras y hacemos caso omiso de nuestro instinto.

Pasado el tiempo los hechos nos demuestran que efectivamente teníamos razones para desconfiar.  Eso sí, cuando el palo ya te lo has llevado.

Echart Tolle viene a decirnos básicamente que todos tenemos un sexto sentido que nos dice cuando una persona no tiene buenas intenciones o no va de frente por la vida. Este instinto está muy presente en los niños pero se va perdiendo con los años, principalmente porque hacemos más caso a la razón que a esa parte instintiva.

Bien, pues confieso que a mí me ha pasado. En alguna etapa de mi vida he conocido a personas que me han producido un rechazo instantáneo.

Sin saber porqué, ese primer contacto hace saltar una alarma en mi cabeza diciéndome que esa persona no es de fiar, pero como ser civilizado y socializado que soy, inmediatamente después viene mi conciencia y me dice que esa persona no me ha hecho nada y que no hay motivo alguno para negarle mi amistad.

Y he aquí donde muchas veces entran los problemas: no escuchar a nuestro instinto. (De más de una me habría librado si le hubiera prestado más atención).

 

Los vampiros emocionales.

Estos lobos con piel de cordero se acercan a ti mostrando su cara más dulce, la más simpática de todas y la más amable, y como una víbora, cuando ya se han ganado tu confianza empiezan a darte pequeñas dosis de sus picaduras mortíferas…y si no mortíferas, por lo menos molestas.

De aquí que tengamos que estar muy seguras de nosotras mismas, porque a veces nos da reparo decir que no a ciertas personas y aunque no terminen de gustarnos ni sus gestos hacia nosotros nos resulten sinceros, seguimos dejándole la puerta abierta obviando que puedan llegar a causarnos problemas futuros.

En una ocasión conocí a uno de estos lobos con el que tuve este cruce de cables instantáneo de que algo no andaba bien… Pero la razón me volvió a decir: “tranquila”.

Él siempre se me acercaba y yo le seguía la conversación por educación y porque en el fondo me daba un poco de pena verlo siempre solo, medio triste y desvalido. Aparentemente no veía que tuviera muchas amistades y el instinto por protegerlo se me disparó.

El caso es que después de que su actitud conmigo no llegara nunca a cuadrarme, en una de estas conversaciones me pregunta que cómo es que no tengo pareja, y le digo que supongo que aún no habrá llegado el indicado (esas respuestas tontas que damos a veces).

Atención a cual fue su respuesta:

 

«La verdad es muy difícil encontrar pareja hoy día y más aún pillar a un hombre como los que a ti te gustan, que seguro serán los más guapitos (…) No vas a tener problema si quieres pasar el rato con ellos, pero que ellos quieran algo más comprometido contigo siendo divorciada y madre ya te digo yo que no»

 

Vamos, que si se llega a morder la lengua se envenena.

Decirle esto a una persona que se acaba de divorciar y que está susceptible a todo puede llegar a hacer mucho daño.

No me quedó otra que contestarle que quizás el medía a todos los hombres por la misma forma en que él actuaba…y marcharme por donde había venido.

 

Aprende a identificarlos.

Hay individuos que tienen tanta amargura y tanta rabia acumulada que viven al acecho de personas debilitadas en quién poder proyectarla y despacharse a sus anchas. No tienen ningún motivo, sencillamente se sienten desgraciados en su vida y no soportan ver que los demás puedan correr mejor suerte.

Viven bajo una careta, se pegan a ti, fingen una amistad que no siente, te consuelan en tus penas y aparentemente celebran tus éxitos cuándo la verdad es muy distinta.

Aprende a diferenciarlos rápidamente y apártate de ellos más rápidamente aún. Este tipo de personas consumen tu energía sin darte cuenta y aportan bien poco a tu vida.

Conocer y abrirse a personas nuevas está muy bien, yo siempre he sido de las que piensan que todo el mundo es bueno (y afortunadamente la mayoría de las veces es así), pero tampoco podemos ir de “fresitas” por la vida. Si te sigues topando una y otra vez con estos vampiros emocionales “ESPABILA” y corta por lo sano.

 

No hay mejor solución contra un vampiro emocional que echarle la cruz.

 

Otra opción menos radical si decides no apartarte y ser políticamente correcta es tenerlos bien identificados y no dejar que te afecten sus comentarios, convive con ellos si es tu deseo, pero jamás permitas que esas personas que viven frustradas porque no logran conseguir sus objetivos te hagan creer que tú tampoco podrás conseguir los tuyos.

 

La próxima vez que sientas ese rechazo inexplicable hazle caso a tu instinto, ponlo a prueba y verás que pocas veces te falla.

 

¿Te ha tocado lidiar alguna vez con alguno de estos vampiros?  Estoy segura que sí, cuenta cuenta…

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