¿Te has parado alguna vez a pensar que quizás la persona tóxica, la que hace que tus relaciones acaben siendo lo más parecido a un infierno en la tierra, seas tú?

Ser consciente de algo tan doloroso y sobre todo ponerle remedio, no es fácil.

Esto lo sabe bien nuestra invitada de hoy, pues ha pasado y superado ese proceso. Ella es Gabriela Figueroa y es la autora de unos podcast geniales que te hacen plantearte las cosas desde un punto de vista diferente.  Tiene una visión fresca y rompedora sobre “cómo deberían ser” las relaciones de pareja, la libertad o el feminismo… y no duda en dar su opinión.

Si quieres saber por qué a veces te conviertes en la mala del cuento, aún cuando la que más sufre con ello eres tú, te dejo con Gaby que lo explica de una manera realmente preciosa.

También puedes escucharlo en podcast a través de este enlace

 

El miedo te convierte en una persona tóxica

El miedo toma muchas caras, muchas manías que a veces nos cuesta detectar y asumir con su verdadero nombre. Tener miedo no es malo, pero a veces nos lleva a tener conductas que nos destrozan poco a poco.

El miedo se puede traducir en celos, en infidelidad, en control… el miedo es lo opuesto del amor. Es lo que impide el amor. Durante el siguiente post te voy a compartir qué es lo que realmente hace que una mujer pueda convertirse en el estereotipo de “mujer tóxica” esa persona de la que todos escapan, de la que las revistas de bienestar te enseñan a alejarte, y te lo cuento porque yo fui una persona tóxica.

Fui una persona tóxica y una pareja tóxica, estaba autosaboteando mi felicidad y mi relación porque tenía mucho miedo y no me di cuenta de nada de esto hasta que el daño ya estaba hecho.

 

Quién soy

Hellow! Mi nombre es Gabriela Figueroa, soy comunicóloga interpersona y asesora filosófica,  ayudo a mujeres dominantes que se sienten “las malas del cuento” a reconstruir su relación de pareja sin estereotipos de género, para que recuperen su autoestima, pierdan el miedo a abrirse con sus parejas y formen la relación especial que quieren, en la que se sientan apoyadas, comprendidas e impulsadas. 💕

La maravillosa de Rosa me invitó a colaborar en su blog y yo ni lenta ni perezosa le acepté tremenda oferta. Porque no tengo blog propio por problemas con mi servidor, y extraño mucho escribir. Después de leer el post de Rosa sobre el miedo, quise aportar mi granito de arena contándote cómo ese miedo puede transformarse en un monstruo real debajo de la cama.

Es muy normal que siempre tengamos la idea de que en nuestra vida hay una persona tóxica, ya sea una amiga, nuestra madre o nuestra pareja. Hay, literalmente, miles de artículos para enseñarte a reconocer a una persona tóxica, cómo alejarte de ella e incluso me he topado con algunos que te enseñan a “dominar” a una persona tóxica.

No me preguntes cómo se doma a alguien, aún no lo descubro.

Lo que sí sé, es que los expertos de la felicidad te dicen que una persona tóxica no cambia, que te alejes, que le huyas como la peste… y cuando tú reconoces ser la tóxica de la relación te sientes más enjuiciada y sin verdadera ayuda y comprensión.

Por lo menos así me sentí yo, cuando me admití a mí misma que yo era la responsable de que mi relación se estuviese yendo al desagüe. Y lo peor es que nadie me dijo que era por miedo, al contrario, todo lo que consultaba parecía decirme que simplemente era porque yo era mala, porque tenía poca empatía, porque era narcisista y me gustaba el poder.

¿Disculpa?

Si me hubiera quedado con esa afirmación, hoy seguro sería todo menos yo misma. Sería la versión de un personaje cliché que es malo por ser malo, por envidia, como por ejemplo la Evil Queen de Blanca Nieves. Y andaría por ahí destrozándole la vida a cualquier chica. Porque si no puedo cambiar ¿Por qué no hacerles la vida miserable a otras? ¡Tráiganme el corazón de la virgen!  #Porfavor

 

El miedo primario

Cómo se si soy una persona tóxicaVolviendo al tema, aquí te compartiré esas pequeñas características de las mujeres que, ante el miedo, reaccionamos con las únicas conductas que sentimos, nos permiten protegernos. Pero ¿Cuál es ese miedo fundamental?

El miedo al dolor. La vida duele, pero aún ante esa inminente verdad, quisiéramos evitarlo. ¿El problema? Que a nivel inconsciente asumimos que involucrarnos sentimentalmente con una persona, nos va a causar daño. Así que nos protegemos de esa vulnerabilidad de abrir nuestro corazón.

Si no amo de verdad no sufro de verdad.

No sufro el rechazo ni el engaño.

No sufro el abandono.

No sufro la soledad (porque él está conmigo aunque realmente no lo dejo entrar a mi verdadero yo)

No sufro la decepción.

 

Celos & Control

Controlar y celar a nuestra pareja en exceso. Como tenemos miedo a que nos abandone, sentimos la fuerte necesidad de evitar que pase, de enterarnos antes o de no dejar que nos vea la cara.

Entonces buscamos tener ese control y podemos volvernos obsesivas. Como conté en uno de los episodios de mi podcast, hay tres tipos de celos: los reactivos, los preventivos y los del pasado.

Cuando una mujer se siente insegura y con miedo, no importa qué haga su pareja o qué deje de hacer, los celos y el control permanecerán como una constante que irá desgastando la relación. Porque no importa cómo él intente convencerte y hacerte sentir segura, no lo va a lograr.

 

Indiferencia & Reproche

La famosa ley del hielo o la típica respuesta de “nada”, cuando se manifiestan constantemente es un síntoma del miedo. Si realmente la mujer no se abre con su pareja, habrá un distanciamiento entre ambos, en muchos sentidos: Físico, emocional, espiritual (o las almas, energías, wahtever)

Al final, ella se protegerá de abrir su corazón, siendo indiferente. Poniendo una barrera.

Lo más interesante, es que esto hará que él la busque más, así ella le reprocha su falta de atención y le exige más de sí mismo, que él ponga más, que dé más, mientras ella no está dispuesta a hacer lo mismo.

 

Daño premeditado [Infidelidad, mentira]

Desde mi filosófico punto de vista, lo más duro de todo. Lo más cruel. La persona tóxica sabe cuáles son los puntos débiles de su pareja, lo sabe porque él se ha abierto con ella y se ha permitido mostrarse vulnerable: la expresión de amor más comprometida.

Pues ahora que lo sabe. ¡Vamos a darle donde más le duele!

No es porque sea mala, ni vengativa, ni una desgraciada. Es porque es su forma de protegerse. Es la forma en la que siente que tiene el control, en la que desde su perspectiva, puede evitar el daño, dañando al otro primero.

Antes de que él me mienta, yo le miento.

Antes de que él me trate como basura, lo haré yo.

Antes de que él me sea infiel, lo seré yo.

Antes de que me lastime, lo lastimaré yo usando todo lo que sé de él.

Y puede que lo ame, de hecho, es mucho más probable que esta conducta la tenga porque realmente quiere a la persona y tiene mucho miedo. Pero amar y dañar no van de la mano, no deberíamos jamás lastimar a propósito a quien decimos amar.

Esta es la parte más difícil de aceptarse a una misma: Que fuiste tan mala como dañarlo a propósito.

 

Castigo & Recompensa.

Tal vez este es el meollo de todo el asunto, porque esta se presenta cuando la mujer tiene muy interiorizado que no vale nada. Que es fea, aburrida, poco amada. Ya sea por la forma en la que sus padres le inculcaron amor o por experiencias pasadas en su vida amorosa, esta mujer está convencida a un nivel inconsciente, de que nadie la puede amar de verdad.

Así que cuando llega un hombre que le jura, perjura y demuestra que la ama, ella no lo cree. Ojo, insisto, esto es inconsciente, la mujer puede estar segura de que él la ama, pero habrá algo que sigue presionando en su interior para sabotearse la relación.

Y como su inconsciente le grita que él está mintiendo, las conductas lo reflejaran en este castigo- recompensa. El pensamiento base es: “Como no puedo creerte, tengo que ponerte a prueba”

Básicamente esta sería la dinámica de toda la relación, esta mujer le hace daño a su pareja de todas las formas que conoce y puede para ponerlo a prueba, para sabotear la relación y que cuando la dejen, ella pueda sentirse reforzada en su creencia de que no merece amor.

 

Él, el OTRO.

Curiosamente esta conducta, por mucho que la mujer tenga responsabilidad, él también la tiene. Aunque no de la misma forma.

¿Sabes cuándo llegan las mujeres a consulta conmigo? No es cuando se dan cuenta de sus celos, ni de sus conductas tóxicas. La gran mayoría de ellas lo tienen asumido. Es cuando él se aleja, cuando él ya no ruega, cuando él ya no la busca, cuando él está cansado y no sabe cómo lidiar con ella.

Es entonces cuando un chip cambia y se dan cuenta de que sus conductas lo están alejando. ¿Lo peor? Que conscientemente la mayoría de ellas reconocen que es un buen hombre y no lo quieren perder. Si él no pone un alto, esta conducta podría seguir a menos que la mujer tenga la suficiente fortaleza emocional para aceptarlo y buscar soluciones.

Es aquí el primer paso para recuperar la relación, un proceso que es largo y muchas veces ya hay mucho daño de por medio. Si tú estás iniciando una relación, espero este post te haya ayudado, aunque sea un poco, para evitar estas conductas y poner en peligro lo que vas construyendo junto a esa persona especial.

¡Nos vemos hasta la próxima!

Puedes encontrarme en mi Facebook o Instagram. ¡Un abrazo!

 

 

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