El sentimiento de culpabilidad es el más inútil de los sentimientos.

El Sentimiento de culpabilidad nunca me sirvió de mucho, y aún así la culpa arruina mi tranquilidad cuando menos me lo espero.

Puedo sentir culpa por haberme saltado la dieta hace diez minutos, o puedo sentir culpa por un examen en el que copié hace 10 años. A veces cuesta controlar ese mecanismo de culpa en mi cabeza y estalla cuando más distraída estoy…en el momento en que se le antoja.

La culpa es un arma de doble filo. Por un lado te limita y frena los intentos de ser amable contigo mismo y por el otro puede ser utilizada para conseguir que actúes como los demás quieren que actúes. Lo toques por donde lo toques te vas a cortar.

Hubo un tiempo en el que me sentía especialmente culpable de no estar enamorada (como si estar enamorada fuera un deber que no estuviera cumpliendo), y cuándo por fin dí el paso de dejar esa relación sentí culpa por haberle hecho daño a mi pareja, y poco tiempo después también sentí culpa por no haber hecho un último esfuerzo y dar más de mí para salvar la relación.

Era «un cuesta abajo y sin frenos» constante.

 

El sentimiento de culpabilidad aparece cuando creemos que nuestro comportamiento no cumple con los valores morales o éticos que nos marcamos, y es por eso que nuestro «pepito grillo» particular nos recrimina todo el tiempo.

 

Los chantajes emocionales se suman a la fiesta.

Se suman a la fiesta porque además del auto-castigo nunca falta quién te recuerde lo mal que te estas portando, y en un intento por detenerte hurga en la herida consiguiendo su objetivo… pero sólo por un tiempo.

Intentar retener a otra persona haciéndole sentir culpable de tu desdicha es aún más inútil que el sentimiento de culpa en sí. NADIE DETIENE EL CAMINO DE UNA PERSONA QUE HA TOMADO UNA DETERMINACIÓN.

A veces no sólo es la pareja la que intenta detenerte, amigos y familia también te señalan y te recuerdan la locura que estás a punto de cometer, y así las dudas sobre tus decisiones serán más grandes que nunca.

Para manipular a una persona a veces no hace falta ni hablar (el manipulador silencioso es aún más dañino que el que reprocha), un simple gesto basta para hacerte sentir la peor de las personas sobre la tierra. El silencioso no habla ni pelea, pero te hace sentir culpable a veces sin que tú sepas porqué.

Notas su frialdad y de forma automática llega a tu cabeza la bendita pregunta ¿Qué habré hecho?

Es curioso que aún teniendo claro que no estamos haciendo nada de lo que debamos avergonzarnos, la sensación de culpa es tan grande que lo único que logras hacer es estarte quieta y dejar que la tormenta pase. Te rindes y dejas que el manipulador gane la batalla.

Pero ya digo que sólo durante un tiempo.

Culpa y seducción.

Por si aún no te has dado cuenta, culpa y seducción no son un buen matrimonio.

Tanto si eres la manipulada como la manipuladora podrás ser consciente que enamorar no va por ese camino. Intentar retener o hacer recapacitar a un hombre mediante reproches NO FUNCIONA.

Ahórrate la pena. Los intentos de chantajear emocionalmente a alguien para tenerlo a tu lado solo conseguirán que se asfixie y decida hacer su propia vida… lejos de ti, por supuesto.

Puede resultar difícil de entender cuando la desesperación te ciega, pero una persona sana no intenta boicotear la felicidad del otro, celebran sus éxitos, se alegran de su crecimiento y deja las puertas abiertas cuando esa persona quiere irse. Aunque el dolor sea fuerte.

Dejar ir es uno de los actos más valientes que existen dentro del mundo de las relaciones.

Cura de vitaminas para el alma.

Perdonarse no es tan fácil como uno piensa. Para parar un proceso de autodestrucción como el que genera la culpa hay que dedicar muchas horas a entender porqué haces las cosas que haces, y porqué no las volverías a hacer llegado el caso. Implica el conocimiento profundo de uno mismo, y eso es un trabajo duro y laborioso.

Obvio no puedo pedir perdón por un examen en el que copié hace 10 años, o por una zancadilla en la puerta del colegio hace 20. Hay situaciones en las que pedir perdón sobra, pero si podemos pedir disculpas ahora a quien se esté haciendo daño… y a pesar de estar siendo manipulados tratar de comprender porqué él también hace lo que hace: que suele ser por miedo.

La solución para dejar de ser manipulada por los demás la aprendí en una de mis terapias, y fue muy útil a la vez que sencillo: dejar de defenderme de las acusaciones.

Defenderse y contestar con rabia entrando en discusiones sólo consigue que te sigan atacando y reafirma lo que los demás están pensando de tu comportamiento: que es equivocado y totalmente irracional. En cambio, cuando dejas de sacar las uñas para defenderte y sigues con tus planes también dejas al oponente sin armas para manipularte.

 

Tan simple, tan sencillo y tan bonito como decir: «LO SÉ, TE ESTOY HACIENDO DAÑO Y CRÉEME QUE LO SIENTO, ENTIENDO TU RENCOR Y TU IRA, PERO YA TOMÉ UNA DECISIÓN Y EQUIVOCADA O NO VOY A SEGUIR HACIA ADELANTE… ESTE CAMBIO TAMBIÉN ES DIFÍCIL PARA MÍ».

 

Y así una y otra vez… tantas veces y con tantas acusaciones como se presenten.

Liberarse de la manipulación cuando tú mismo te culpas es complicado, pero sin duda es el primer peldaño que hay que subir para llegar hacia el propio perdón.

 

 

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