Sufrir por amor está demasiado instaurado en las relaciones de pareja.

De hecho parece inevitable sufrir cuando se está enamorado. Sufrimos si no somos correspondidos, si nos sentimos engañados, traicionados o burlados. Nos pasamos la vida sufriendo, sin pensar en cuánta energía perdemos en el camino.

Sufrir por amor provoca un desgaste enorme, un malestar interior constante, cansancio mental y físico, estrés, bloqueos emocionales y un impedimento importante en nuestra capacidad de razonar con claridad.

No nos equivoquemos: es absolutamente natural sentir dolor cuando las relaciones no fluyen como creemos que deberían hacerlo. No somos máquinas, pero si la mayoría del tiempo sientes que el amor te está haciendo daño, es porque tu relación está enferma.

De ahí la importancia de aprender a amar de manera positiva, de saber al detalle qué es lo que esperamos de una relación, de entender que se puede querer sin temor a ser dañada y de diseñar unas premisas de pareja que te guiarán cuando no sepas que dirección tomar.

Todos tenemos premisas, pero puede que nunca te hayas parado a pensar en ellas. Es un ejercicio sencillo que te robará poco tiempo y a cambio te proporcionará claridad de ideas y te evitará sufrimientos innecesarios llegado el momento.

 

Creando tus premisas para evitar sufrir por amor.

 

Partiendo de una serie de premisas básicas comunes en las relaciones de pareja sanas, vas a crear las tuyas propias y las vas a adaptar a tus necesidades y deseos.

Veamos cuáles son esas bases:

  1. Toda relación debe fundamentarse en el respeto mutuo.
  2. La comunicación clara y asertiva.
  3. La libertad dentro de los términos de la relación.
  4. El firme propósito de no hacer daño al otro de forma deliberada.

 

Ahora, a partir de esas bases, pregúntate ¿Qué buscas de una relación de pareja? ¿Qué reglas debe cumplir para que continúes en ella por un tiempo indefinido? ¿Cómo quieres sentirte dentro de la relación?  Piensa detenidamente qué cosas vas a poner en esa lista y después analiza cuántas se cumplen y cuántas se pueden llegar a dar con el tiempo.

 

Un hombre que te falte al respeto, que te grite, que te haga sentir mal contigo misma, que te aísle de las personas de tu entorno, que te obligue a hacer o dejar de hacer algo o que te haga daño de forma consciente y deliberada, no es válido para formar una relación de pareja saludable y satisfactoria.

 

Desde que empezamos a forjar nuestra personalidad, establecemos una forma de actuar que probablemente nos acompañará a lo largo de nuestra vida porque creemos es la mejor, y seguiremos repitiéndola de forma sistemática porque no sabemos otra forma de hacer las cosas.

Tenemos tendencia a repetir patrones, por eso nos cuesta tanto adoptar formas más inteligentes y menos dolorosas de vivir las relaciones de pareja, porque desde siempre nos dijeron que el amor conlleva dolor.

Tienes el mismo resultado una y otra vez porque no conoces otra forma de interactuar. Pero ahora, sabiendo cuáles son tus premisas de pareja sana y observando si el hombre con el que estás saliendo las cumple, puedes elegir si sigues relacionándote con él, o no.

Debemos ser capaces de respetar nuestras propias premisas y observar que él las cumpla también. Seguir sufriendo por alguien que no te va a ofrecer aquello que estás buscando, es tan sólo una opción que tú misma escogiste.

 

Las relaciones sanas son aburridas.

 

En otras ocasiones he comentado que las relaciones difíciles y tormentosas enganchan mucho porque es un ir y venir constante. No sabes qué te va a deparar el futuro más próximo, un día estás arriba tocando el cielo con las manos y al día siguiente vives un infierno. Tu cerebro no descansa nunca, siempre está expectante.

En cambio las relaciones de pareja sanas y estables pueden resultar monótonas. No hay intensidad, todo es predecible y controlable. Es más lineal y desde luego más adulta.

 

Para muchas personas dejar de sufrir por amor significa dejar de estar enamorada. Ya no hay mariposas en el estómago cuando te llama porque sabes que en algún momento del día te va a llamar, sabes que puedes llamarlo las veces que quieras y va a estar ahí. Le falta emoción.

 

Pero qué tal, si en vez de seguir enamorada del amor y seguir sufriendo por inercia, te dices a ti misma: “Estoy en esta relación por deseo propio, es mi elección”

De forma automática tomas consciencia de que nadie te obliga a estar donde estás. De que las relaciones de pareja no son sólo cuestión de fe, que puedes seguir adelante sabiendo que el hombre con el que sales es quien es e intentar ser feliz igualmente… o puedes irte para otro lado.

No lo echas a suertes ni esperas a que un día cambie y seáis felices y comáis perdices.

  • Si no eres correspondida: Te alejas y tratas de pasar página lo antes posible
  • Si te hace sufrir de forma consciente: Das la relación por terminada. Le dejas seguir su vida y rehaces la tuya.
  • Si a pesar de todo quieres seguir a su lado: Lo aceptas tal y como es, no sigues intentando cambiarlo.

Tienes poder de elección, y tus elecciones determinarán que seas feliz con lo que tienes o que lo cambies.

 

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