El miedo es un mecanismo de defensa estupendo.

Bien gestionado, el miedo es de gran ayuda, pues es el que nos hace huir o alejarnos de situaciones potencialmente peligrosas para nuestra integridad personal.

Ahora bien, cuando el miedo que sentimos ante una situación es exagerado o no está fundado en un peligro real, podemos afirmar que se trata de un miedo disfuncional.

Todos hemos sentido miedo irracional en alguna ocasión, yo la primera. Es algo que en un primer impulso no vamos a poder evitar, pero sí que podemos afrontarlo y tratar de mantenerlo a raya.

A la hora de encontrar pareja o de relacionarnos con los demás, también desarrollamos una serie de miedos que nos impiden o dificultan la tarea. La mayoría de veces, los superamos sin ningún problema, pero en otras ocasionas, ese miedo puede llegar a complicarnos la vida.

Veamos cuales son esos miedos y cómo podemos ponerles solución.

 

Miedo a equivocarse.

Todos estamos destinados a equivocarnos en algún momento de nuestra existencia.

Equivocarse provoca miedo y, por supuesto, a nadie le gusta perder años de su vida con la persona equivocada. Tomar una decisión y darte cuenta con el tiempo de que no era la persona que buscabas, no es muy apetecible.

Veamos. Por estadística, después de una racha mala, viene otra buena, y del revés.

Por una decisión mala que tomemos, tiene que venir otra buena. Estamos tomando decisiones todo el día. En unas nos equivocaremos y en la mayoría de ellas acertaremos. Pero hay que elegir y decidir. Sólo el tiempo dirá si ha sido acertada o no.

El mejor remedio para librarse del miedo a equivocarse es actuar con paciencia. No precipitarse ni crear grandes expectativas con la otra persona.

No idealices. Tómate el tiempo necesario para conocer a la otra persona y ve dando pequeños pasitos antes de apostar por una relación.

 

Miedo a que te hagan daño.

Las personas que tienen miedo a ser heridas desconfían del amor y, por ello, evitan tener una verdadera intimidad con alguien.

Algunas personas pueden llegar a evitar cualquier tipo de relación, ya sean amorosas o sexuales. De forma inconsciente buscan excusas para no tener que entablar relaciones íntimas. Cuando conocen a alguien, encuentran la forma de centrarse solo en lo negativo de esa persona, obviando sus cualidades y virtudes.

Son personas que suelen pensar que no hay nadie que merezca la pena. Sus creencias limitantes no les permiten abrirse a los demás, pues piensan que el amor sólo provoca sufrimiento.

También están los que únicamente buscan relaciones sexuales, entrando en relaciones pasajeras con personas inmaduras o que realmente no les gustan. De este modo se aseguran que dichas relaciones nunca lleguen a ninguna parte.

Para superar el miedo a ser lastimado, lo único que necesitamos hacer es ir despacio y conocer a la otra persona en diferentes contextos y situaciones antes de seguir avanzando en la relación.

Evitar relacionarte por miedo a ser dañado sólo provocará más sufrimiento, pues crear una coraza para mantenernos a salvo del dolor implica renunciar a vivir plenamente.

Eso sí, para curarse en salud, nada mejor que alejarse de aquellas personas que sabes de antemano que no tienen ninguna consideración por los demás.

 

Miedo al rechazo.

Formar parte de un grupo y ser aceptado socialmente es una de las necesidades del ser humano. Por lo tanto, es normal sentirse mal si nos sentimos rechazados.

 

La mayoría de personas, cuando ven claramente que no están gustando, se apartan y prueban con otra persona. Asumen que es imposible gustarle a todo el mundo, digieren el rechazo y siguen con su vida.

 

Otras, en cambio, son demasiado susceptibles y tienden a ver rechazo donde no lo hay. Son personas que suelen adoptar una actitud defensiva ante los demás (característica muy común en personas con baja autoestima), aunque en realidad esta actitud, junto con sus gestos de desconfianza o sus respuestas cortantes y a veces hirientes, lo único que esconden es miedo e inseguridad.

Las personas con miedo al rechazo suelen adoptar un papel de “persona borde” o “de persona dura”. Evitan el contacto y la interacción con los demás para protegerse, provocando con ello más rechazo aún, justo lo que más temen.

Solución: asumir que es imposible caer mal a todo el mundo o no gustar absolutamente a nadie. Si estás recibiendo rechazo, párate a pensar en el “por qué”. ¿Qué actitud tuya está provocando que la gente se aleje de ti? ¿Qué harías si fueras una persona apreciada por los demás que no estás haciendo?

 

Miedo a ser abandonado.

Las personas con miedo al abandono son personas que han vivido experiencias muy dolorosas en el pasado y que autosabotean sus relaciones con el fin de evitar que la relación se consolide. Se aseguran así no ser abandonados en el futuro.

Sus anteriores fracasos sentimentales marcan su presente.

Su miedo es tal que, cuando conocen a alguien apropiado para ellas, inventan mil excusas para discutir y romper la pareja.

Al igual que en el miedo a ser heridos, son personas que evitan una conexión emocional íntima como un modo de alejar a los demás. Como consecuencia de esa desconexión emocional, la otra persona se aleja y la relación acaba rompiéndose.

Cuando el cerebro asocia experiencias pasadas con algo que nos está sucediendo en el momento presente, lo que hace es revivir la experiencia, provocando exactamente la misma angustia y profetizando, erróneamente, que esta vez también nos van a abandonar.

¿Cómo podemos afrontar entonces el miedo al abandono? Siendo objetivos. No comparando tu actual relación con ninguna otra que hayas vivido. El presente no es igual al pasado, y el futuro tampoco.

Se consciente de que en el amor, al igual que en cualquier otra área de nuestra vida, no podemos tener la certeza de que durará eternamente.

 

Miedo al compromiso.

El compromiso es una decisión y por lo tanto ha de tomarse de forma responsable. Ser una persona adulta, que toma decisiones importantes y se preocupa del bienestar de otra persona, suele dar mucho miedo.

Las personas con miedo al compromiso, esconde en realidad un miedo horrible a ser abandonadas o heridas.

Es por ello, que muchas personas no quieren comprometerse. Además, suelen ser muy sinceros respecto a su forma de pensar. Son felices haciendo lo que quieren y cambiando de pareja cada vez que quieren. Lo que no quieren es dar explicaciones ni asumir las “obligaciones” propias de la vida en pareja.

A este tipo de situación no podemos llamarle propiamente “miedo al compromiso”, si no “forma de vida”.  Les gusta su independencia y eligen vivir así.

Es un punto de vista totalmente respetable y si tus intenciones son las de formar pareja estable, apártate. Sigue tu camino y deja que cada uno viva según sus convicciones.

Ya hablé con anterioridad, en el post de amor en abundancia, que no puede haber amor verdadero donde no hay compromiso. El compromiso es un acto de amor y de respeto, que se toma de forma consciente y voluntaria (o al menos debería ser así).

Es perfectamente normal asustarse ante el compromiso, pues como digo, es un acto responsable que implica que te emplees a fondo y trabajes para que una relación crezca y funcione. El problema es el miedo exagerado al compromiso. Creer que serás incapaz de asumir tus responsabilidades y llevar una relación de pareja sana y estable.

El miedo puede ser una emoción paralizante, pero todo depende de cómo te enfrentes a ellos. Sabes identificarlos y sabes cómo afrontarlos. Ahora piensa: ¿tus miedos eligen cómo va a ser tu vida sentimental, o lo eliges tú?

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