Quiero contarte 2 historias.

Estas historias las conozco de primera mano. Son totalmente verídicas y son un ejemplo clarísimo de cómo echar por tierra una relación que está empezando. Los protagonistas son reales aunque obviamente los nombres no lo son.

Historia 1: María y Pedro.

María y Pedro se conocieron en una fiesta. Hablaron, se gustaron, se intercambiaron los teléfonos y empezaron a salir juntos.

Hasta ahí todo perfecto, salvo que después de varias semanas viéndose a diario, María decide tener una conversación con Pedro y decirle que estaban viéndose muy seguido y que quizás podrían llegar a cansarse, por lo tanto, era mejor quedar varios días en la semana en vez de todos los días… “para no agobiarse”.

Además, María, en un miedo irracional a resultar pesada, no lo llama jamás y se limita a esperar que sea Pedro quién dé el primer paso.

Pedro, desorientado, decide no seguir llamándola a diario y dejar pasar más tiempo entre una cita y otra.

El problema es que en la mente de Pedro empieza a rondar una idea: María le ha hecho creer con su comentario que se siente agobiada, y además con su falta de iniciativa le demuestra un nulo interés. El empezó a salir con ella con la mayor ilusión pero siente que ella está en otro punto.

La relación empieza a enfriarse de tal modo de que al cabo de poco tiempo es María quién empieza a desesperarse y a quejarse del cambio de situación.

Ella sólo quería evitar que Pedro empezara a agobiarse como les había pasado en anteriores ocasiones a otros hombres con los que había salido. Estaba llevando al presente patrones aprendidos en historias pasadas.

¿Fue acertado pedir más espacio entre cita y cita para prevenir un problema que según ella iba a pasar en un futuro próximo? Rotundamente, no.

Puede que María tuviera un mal recuerdo de alguna pareja que la dejara argumentando que se sentía agobiado. Puede que en su mente tenga formada la idea de que si queda a diario con un hombre, este irremediablemente se va a cansar y va a romper con ella, y para evitar que le vuelva a suceder decide curarse en salud.

Pero hay formas y formas de hacer las cosas.

Fíjate que diferente hubiera sido si en vez de decirle que se podrían llegar a agobiar, dándole una idea equivocada, le hubiera dicho que al día siguiente iba a quedar con una amiga y que a la vuelta le escribiría o lo llamaría para hablar un rato.

Hubiera mantenido a Pedro en vilo, le hubiera demostrado que tiene una vida propia y además le hubiera hecho ver que realmente le importa la relación que mantienen.

Las acciones de María no están basadas en el desinterés, están marcadas por el miedo y la inseguridad… Sólo que Pedro no lo sabe.

A veces las mujeres nos equivocamos en las formas. Nos asustamos, nos sentimos tan vulnerables demostrándole a un hombre que nos importa que conseguimos justamente lo contrario: hacerles creer que no nos interesan en absoluto.

Historia 2: Carmen y Juan.

Carmen conoce a Juan a través de una página de Internet. Se citan unas cuantas veces y las cosas se precipitan hasta el punto de prácticamente irse a vivir juntos.

Vale que no se conocen lo suficiente, pero ambos están absolutamente convencidos de querer ir hacia delante.

Pasan unas semanas y a Juan le empiezan a surgir dudas, cosa normal por otra parte. Se aisla y se encierra en si mismo aunque no dice nada que pueda echar abajo la historia, pero Carmen empujada por la incertidumbre que siente, la necesidad de una respuesta y el miedo a ser dejada una vez más, decide hablar con Juan. Lo llama por teléfono y empieza “la conversación”

Juan, no te noto convencido con lo nuestro, te siento retraído y distinto conmigo desde hace días, y la verdad que yo lo estoy pasando mal con esta situación, y para estar así, lo mejor es que lo dejemos aquí. No quiero que me vuelvan a hacer daño.

A lo que Juan, que ya tiene sus propias dudas sobre la relación, responde que él lo ultimo que desea es hacerle daño, y que si no se siente bien, está de acuerdo en que lo mejor es dejarlo.

La cosa quedaría aquí supuestamente resuelta si no es porque al día siguiente Carmen vuelve a llamar a Juan para pedirle una segunda oportunidad,  se ha equivocado y le ruega que por favor la perdone.

¿Era absolutamente necesario acelerar la ruptura para pedir una segunda oportunidad al día siguiente? Está claro que no.

Ya comenté en este otro post que hay muchas causas por las que un hombre puede alejarse, y las dudas es una de ellas.

Aunque la decisión de Carmen de romper con Juan fue precipitada, podría haber sido incluso un golpe de efecto si al día siguiente no hubiera llamado para retractarse de su decisión.Pero al llamar para pedir una segunda oportunidad tan sólo unas horas después, lo único que demuestra es que es una persona inmadura e impulsiva, y le refuerza a Juan, aún más, la idea de que la ruptura ha sido la mejor opción.

Los miedos son aprendidos.

Y digo que son aprendidos porque la mente no sabe distinguir entre realidad y pensamiento. Es decir, cuando recordamos se activan los mismos circuitos neuronales que cuando estamos pensando.

En el momento en que la mente asocia un pequeño gesto con alguna mala experiencia del pasado, la vuelve a revivir, la lleva al momento real y es entonces cuando se enciende la mecha que hace explotar nuestros mecanismos de defensa.

María y Carmen actuaron guiadas por el deseo de no repetir errores y el instinto de protegerse del dolor que podría ocasionarle un nuevo fracaso.

Confieso que yo he sido un poco así en el pasado. Cuándo sentía que algo me podía hacer daño y era incapaz de controlarlo, mi única idea era romper.

Mi primer pensamiento era alejarme del foco del dolor, tratar de explicar por qué no quería seguir y esperar que la otra persona me tranquilizara y fulminara todas mis ideas locas y profecías catastróficas.

Sólo que las cosas no funcionan así de fácil.

  • Cada uno debe mirar debajo de su cama y enfrentar sus propios monstruos, aprender de sus errores y desaprender ideas equivocadas y prejuicios.
  • No puedes comparar una relación con otra ni hacer responsable a tu pareja de tus inseguridades. No puedes pretender que cargue con culpas que no son suyas.
  • Cada historia de amor es diferente y cada hombre es diferente. Tus experiencias pasadas quedaron ahí, en el pasado, y no tienen porque repetirse en el presente ni en el futuro.
  • No pienses si la relación es mejor o peor que la anterior, piensa en cómo eres tú ahora y cómo te sientes en ella. No hay comparaciones posibles entre dos hombres.
  • Utiliza tus relaciones pasadas para aprender de ellas, nunca para intentar adivinar el paso siguiente. No eres pitonisa ni nada que se le parezca.
  • Haz un análisis profundo de cada pareja que has tenido y piensa qué has aprendido de ellas y que cosas debes dejar atrás definitivamente.
  • Renueva tus ideas, aprende de los errores pero no te estanques en ellos.

 

A veces, el mayor obstáculo al que debemos hacer frente cuando deseamos algo con mucha intensidad somos nosotras mismas.

 

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