Vivir en soledad.

Mi amiga Bárbara fue mi “sherpa” durante mucho tiempo. Supo guiarme y mostrarme  caminos donde para mí solo había niebla, y me tendió la mano cada vez que el terreno se volvía más empinado.

Según ella, toda mujer que acababa de divorciarse necesitaba pasar una temporada loca antes de iniciar una nueva relación. Una y otra vez me repetía la misma frase:

 

“Hay que aprender a ser feliz en solitario antes de poder ser feliz con otra persona”

 

Pero yo estaba tan afligida que lo último que quería era hacer locuras, y tampoco entendía aquello de ser feliz y estar sola. Lo único que de verdad me apetecía era dormir durante un año seguido, desintoxicarme y recuperar la calma.

Tenía la idea clara de haber caído en desgracia, y haciendo honor a la ley de atracción, un mes después de divorciarme me quedé sin trabajo.

A pesar de que la primera “desgracia” había sido por decisión propia, el vértigo que sentía al pensar en el futuro me estaba llevando al límite. La sensación de haber tocado fondo, a veces es el mejor momento para empezar a buscar nuestra propia esencia.

Hizo falta un cambio radical en mi forma de pensar para poder ver mi situación como una oportunidad de empezar de nuevo a pesar de las dificultades. Poco a poco me fui dando cuenta de que las cosas importantes de la vida no son precisamente materiales y que tampoco se hicieron para ser disfrutadas exclusivamente entre dos, también llegan cuando uno está solo.

La insatisfacción general que había sentido durante años, a pesar de que no me faltaba de nada ni me privaba de ningún pequeño capricho se fue disipando al tomar conciencia de esto.

 

Puedes tener la pareja perfecta y una vida acomodada y resuelta,  pero si interiormente no te sientes valioso, nada de lo que te rodea te hará sentirte completa, siempre sentirás la necesidad de buscar “algo más”.

 

Es necesario aprender a llenar ese vacío interno que te mata por dentro cuando no sabes que camino tomar y te encuentras sin rumbo.

 

Me obligué a hacer cosas… y a hacerlas sola.

Podía ir con amigas pero decidí que era hora de hacer las paces con el mundo y dejar de estar enfrentada con la soledad. La acepté incondicionalmente y empecé a respirar de nuevo.

Comencé a disfrutar de los paseos por el centro de la ciudad,  de las sesiones de cine en hora punta,  de las largas tardes de verano a la orilla de la playa, de interminables cafés en una terraza frente al mar, de exposiciones de arte… Todas estas cosas habían estado siempre ahí, solo que yo no las veía.

Para muchas personas tener que estar sola es muy difícil de llevar, ¿pero por qué la conveniencia de aprender a estarlo?. Porque es la mejor forma de asegurarte de que en el momento que vuelvas a buscar pareja lo harás por elección propia y no por necesidad.

Una mujer independiente que inicia una relación tiene muchas más probabilidades de éxito que otra que lo haga por pura desesperación.

 

La desesperación solo hará que te apegues al primer candidato que se presente aunque no sea el adecuado… lo que dentro del mundo de las relaciones es lo más parecido a un suicidio.

 

Aprender a estar sola te da opciones de elegir bien, de observar con calma cómo te sientes al lado de la persona elegida y llegado el momento decidir si sigues o no adelante con la relación.

Las mujeres que pasamos este proceso ya aprendimos a estar solas y sabemos que podemos volver a hacerlo sin problema….pero elegimos no estarlo.