La conversación que asusta.

Ninguna de las veces que pregunté a mi novio de turno hacia dónde iba nuestra relación, obtuve nada bueno.

Lo mejor que pude conseguir fueron un par de promesas que quedaron en nada y que al cabo del tiempo mi historia de amor se esfumara. Y es que claro, si acorralas a un hombre, dirá lo que sea necesario con tal de salir del atolladero y que lo dejes en paz.

Nosotras, por norma general, somos las de las dudas existenciales, la impaciencia y las inseguridades de pareja. Ellos viven mejor el día a día, sin preguntarse que pasará mañana.

Hazme caso. Si acabas de empezar una relación y no sabes qué pensamientos tiene tu chico sobre vuestro futuro en pareja, muérdete la lengua antes de preguntar. Evita la frustración en la medida de lo posible.

La razón es muuuy sencilla. Para un hombre la idea del compromiso nunca es atractiva. «Atarse» a alguien no es algo que les apetezca de forma natural,  así que si un día llegas con que necesitas tener una conversación y preguntas «hacia dónde va vuestra relación», de forma innata se sentirá arrinconado y tratará de zafarse del problema.

En serio, preguntar hacia dónde va una relación cuando acabáis de empezar a salir no es buena idea… principalmente porque ellos tampoco lo saben.

No piensan hacia dónde va ni analizan la situación, porque si se paran a pensarlo quizás salgan corriendo por donde han venido.

Estáis saliendo y hasta el momento tu chico no suelta ni media palabra sobre un futuro para vosotros. Ok, tranquila. Quizás tienes la necesidad de acelerar el proceso para poder sentirte más segura con respecto a la relación, pero en realidad no tienes ninguna prisa.

De momento, él sabe que le gustas y que está bien contigo. Precisamente que no le presiones y que seas tú la que no tiene prisa en formalizar la relación es lo emocionante de seguir a tu lado.

No sabe hacia dónde vais, eres enigmática, eres distinta y te ves segura de ti misma. Eso es lo que le hace seguir dando pasos hacia delante y seguir descubriendo qué le depara su relación contigo.

Consecuencias.

La conversación puede tener, aunque no lo pretendas, numerosas consecuencias, y no precisamente buenas:

– Le parecerás insegura y harás que «se ralle».

– Darás la impresión de que las cosas no van como tú quieres, lo cual tampoco es muy halagador que digamos.

– Dirá lo que supone que quieres oír solo para que te quedes tranquila y no lo agobies. Que te diga lo que quieres oír no significa que sea verdad, con lo cual tendremos un problema más adelante.

– Supondrá que le estás metiendo prisa y en su mente empezarán a sonar señales de alarma. No, definitivamente proyectar esa idea en su cabeza no es lo que te conviene ahora mismo.

Solución: no presiones y disfruta el momento. No rompas la magia analizando algo, que por ahora, lo único que necesita es madurar y seguir su curso.

Si eres lo suficientemente inteligente, que lo eres, sabrás ver si la relación marcha o no marcha.

¿Porqué tienes que preguntar algo que ni tan siquiera tú tienes claro? No lo conoces lo suficiente, aún necesitáis vivir más experiencias y ver qué tal os sentís el uno con el otro antes de considerarlo tu pareja.

Si pasado un tiempo razonable sigues teniendo dudas y ves que la relación no avanza, habla con él. Dile lo que quieres  y necesitas de la relación. Si lo que tú necesitas no es lo mismo que lo que él puede ofrecerte, empieza a tomar medidas. No esperes que sea él quién te diga hacia dónde vais para tomar decisiones.

Preguntar, la mayoría de las veces es el mejor recurso, pero hay cosas que no necesitan que te las confirmen, se ven por sí solas.

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