Hablar de control de las emociones puede asociarse a la falta de sentimientos en personas frías y calculadoras (algo poco atractivo, la verdad) pero no debemos confundir el control de las emociones con el control de los sentimientos.

El término emoción hace referencia a cómo te estás sintiendo en un momento determinado (enfadado, feliz, emocionado, triste…) y nada tiene que ver con el amor que sientas por otra persona.

Durante mucho tiempo me dejé llevar por los impulsos. Fui totalmente subjetiva y actué bajo la influencia de las emociones que sentía en cada momento, pensando que era la forma de actuar más genuina y auténtica.

 

No controlar mis emociones implicaba tomar decisiones estando enfadada, formar pataletas o dramas a otras personas para conseguir mi propósito (de forma inconsciente sí, pero lo hacía), romper en llanto para llamar la atención cuando alguien me torcía el gusto, buscar la satisfacción momentánea sin pensar si lo que hacía me perjudicaría en un futuro no muy lejano, etc.

 

Creía que así era más yo, en toda mi esencia, y si alguien me tenía que querer tendría que hacerlo tal cual, con mis defectos y mis virtudes. (Mira que he escuchado veces esta frase).

Pero lo cierto es que a menudo mi forma de actuar hacía que me sintiera mal conmigo misma, hasta el punto de no reconocerme siquiera. Mis patrones de comportamiento eran tan equivocados que no me dejaban avanzar de forma positiva ni crear unas relaciones saludables.

¿Pero qué podía hacer? Cada uno actúa en la vida de la forma en que ha aprendido a hacerlo.

No fue hasta el momento en que me dí cuenta de que metía la pata a cada rato cuando empecé a pensar seriamente en un cambio.

 

Control de las emociones: desaprender.

Y el cambio llegó con el desaprendizaje…tuve que desaprender todo lo que había estado haciendo hasta ese momento y volver a aprender una conducta mucho más sana, mucho más asertiva y desde luego mucho más eficaz a la hora de relacionarme con los demás.

Hasta que no aprendí a pensar antes de hablar y a callar cuando la ocasión lo requería no empecé a ver resultados. Así que pasé a ser menos visceral y actuar de forma más inteligente.

Era mucho más fácil dejarme llevar por el calor de una discusión, nublar la razón y actuar sin pensar en las consecuencias,…pero nadie dijo que fuera fácil.

 

Se necesita un gran esfuerzo para aprender a cambiar de actitud, pero se necesita también ser consciente de la importancia de realizar esos cambios para alcanzar un objetivo y de la gran satisfacción que se obtiene al conseguirlo para que de verdad te merezca la pena el esfuerzo.

 

Si sientes que tu temperamento y tu forma de actuar con los demás te están impidiendo mostrar quién eres y lo que puedes llegar a ofrecer, ¿no crees que ha llegado la hora de trabajar para controlar tus emociones negativas?

Si al dejarte llevar por tus emociones alejas de ti a las personas que te importan una y otra vez, ¿no crees que necesitas diseñar una estrategia de cambio que te permita sustituir esa conducta por otra mucho más saludable y provechosa?

Tu esencia personal seguirá siendo la misma, pero a través de la fuerza de voluntad estás eligiendo una mejor forma de vida, y por ende elijes ser una mejor persona.

Típica excusa: ¡yo soy así!. Precisamente porque eres así la gente puede empezar a cansarse.

 Recomendaciones:

  1. Nunca tomes una decisión importante en caliente. Párate, tómate el tiempo que necesites, medita y reflexiona todo lo que haga falta hasta estar segura de los pasos que debes tomar.
  2.  No rompas una relación en un momento de furia. Si estás enzarzada en una discusión haz por pararla cuánto antes y vete a casa si es necesario. Después piensa en lo que debes hacer.
  3. No pongas la típica excusa barata: es que yo soy así!!!. Precisamente porque eres así la gente puede empezar a cansarse.
  4. No hagas reproches o descalifiques con el único propósito de desfogar cuando estás enfadada. Las palabras suelen hacer más daño de lo que pensamos y tardarán mucho en borrarse de la mente de la otra persona.
  5. Todos podemos perdonar y pasar por alto conductas inapropiadas de forma puntual, pero cuándo esta conducta se vuelve una constante, termina por dinamitar la paciencia y la comprensión de los demás.
  6. Recuerda que aunque pidas perdón al minuto siguiente el daño puede ser ya irreparable, mejor piensa lo que haces y lo que dices. De nada sirve pedir disculpas cuando la confianza está totalmente rota.
  7. No cargues a los demás con tus emociones negativas cuando estás cansada, triste, irritada o enfadada. Entiende que nadie es responsable de tu estado de ánimo ni de tu felicidad, tu bienestar emocional depende única y exclusivamente de ti.
  8. Si crees que otra persona es en parte causante de tu malestar háblalo con ella claramente, intenta buscar una solución o replantéate la relación.

 

Acepta el desafío, encontrar una forma de actuar que sea mejor para ti no significa que estés cambiando tu forma de ser, empieza a mirar el proceso de cambio como una forma de obtener mejores resultados en tu vida y en tus relaciones de pareja.

A medida que vayas controlando aquellas conductas que no te hacen feliz y vayas eliminando capas superfluas de tu personalidad irás revelando tu verdadera identidad y entonces sí que serás auténtica ante ti y ante los ojos de los demás.

¿Cómo controlas tú las emociones? ¿Aceptas el desafío?