La mujer complaciente bien podría ser el título de algún cuadro del renacimiento o un término que sólo encontraríamos en cualquier museo arqueológico. Sabemos que existió pero se extinguió hace mucho tiempo.

 

La verdad que en esto no hay diferencias entre hombres o mujeres. La docilidad puede despertar sentimientos de ternura o compasión, pero raramente despertará pasión o enamoramiento. Compasión y enamoramiento son palabras totalmente opuestas cuando hablamos de amor.

 

Muy distinto es el caso de las personas sosegadas y tranquilas que saben controlar sus emociones y tratar los momentos de tensión con elegancia. No obedecen ni admiten ordenes básicamente porque tampoco las dan. Una buena autoestima es la responsable en gran parte de esta tranquilidad y de no sentir la necesidad de medir cada palabra para contentar a todo el mundo.

 

Tú eres tú, con defectos y virtudes, y te sientes tan bien en tu papel, y tan segura con lo que haces y dices que no necesitas a nadie que vaya dándote el visto bueno.

 

Ser complaciente te sitúa en mala posición.

 

La mujer que no tiene opinión ni voto y que a todo dice que si por no molestar es fácilmente manipulable y suele caer en relaciones espantosas. Se encuentra en una situación sumamente débil dentro de la relación y a menudo esto deriva en que el hombre aproveche esa debilidad en su propio beneficio. Cuidado con acceder a todo por miedo o acabarás mal parada.

 

Si te limitas a decir y hacer lo que crees que el otro espera de ti, pensando que será más fácil mantenerlo contigo conseguirás el efecto contrario: que rápidamente pierda el interés.

 

Todos sabemos diferenciar cuando están esforzándose en agradarnos para ser aceptados, y eso te aseguro no es nada seductor. Demuestra miedo e inseguridad, como si estuviéramos en un concurso en el que nos eliminan al fallar la respuesta.

 

Si no estás convencida del paso que vas dar, no lo des. El autorespeto y el respeto de los demás no se gana haciendo lo que otros quieren, esperan o te sugieren que hagas. Actuar en contra de tus propias convicciones sólo te causará una gran confunsión y malestar interior. Por mucho que te lo agradezcan, estarás fallándote a ti misma.

 

No te cortes a la hora de expresar tus opiniones y puntos de vista. Tus gustos, preocupaciones e inquietudes son tan importantes como las del resto de los mortales.

 

[Tweet ” Un hombre inteligente valora que una mujer tenga su propio criterio y te respetará por ello.”]

 

No temas quedar como una tonta, nadie espera que tengas un doctorado en cada materia que surja. Si en el transcurso de una conversación sale algún tema del que no estás al corriente, no hay problema en hacérselo saber. Limítate a escuchar con interés, a todo el mundo le gusta hablar y pavonearse cuando el tema es una novedad para el interlocutor.

 

Haz valer tus opiniones pero evita a toda costa ir de sabelotodo, alardear o exaltarte defendiendo tu postura aunque sepas que tienes razón, no merece la pena perder tu tiempo intentando convencer a personas intransigentes.

 

Escucha el doble de lo que digas cuando no tengas ni idea del tema que se está hablando, ya dicen por ahí que la información es poder.

 

Y por último, no te esfuerces más de la cuenta. Querer complacer a tu pareja por encima de tus propios intereses es una de las causas de mayor infelicidad que puedan existir dentro de las relaciones, tanto si te lo exigen, como si tú misma te lo impones.

 

Crear un buen ambiente y evitar la crispación SI, pero bajar la cabeza y acceder a todo por miedo, vergüenza o sumisión, por supuesto que NO

 

 

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