¿Por qué nos cuesta tanto comunicarnos?

Empezaré entonando el mea culpa. Hasta hace unos años yo era una persona totalmente hermética. Me costaba horrores decir las cosas. Explicar cómo me sentía e incluso pedir ayuda era un auténtico suplicio.

Las consecuencias de todo esto era que no conseguía hacerme entender. Pretendía que los demás adivinaran cuales eran mis intenciones y mis sentimientos sin tener que abrir la boca o dar explicaciones. Y al final resultó ser muy frustrante.

También debo reconocer que esa parte la he mejorado mucho, y hoy por hoy comunicarme con mi pareja no me cuesta en absoluto.

A pesar de todo la falta de entendimiento al hablar es algo que sigo viendo a diario, sobre todo en las parejas. Y es que no sólo importa lo que se dice, si no cómo se dice.

El 93% de una buena comunicación no está en las palabras, si no en el lenguaje corporal y el tono de voz.

 

O sea, que sólo el 7% de lo que decimos va a ser lo que el receptor entienda. (El 38% del mensaje lo transmitiremos con el tono de voz y el otro 55% con el lenguaje corporal).

 

Y tiene su lógica, ¿no crees? A mí, a priori, si empiezan a gritarme no escucho absolutamente nada, me niego. Me da igual que lo que me digan sea “por mi bien”. O me hablan con respeto o hablamos en otra ocasión.

Fíjate en los perritos por ejemplo, reaccionan a los mensajes según el tono de voz con el que le hablan. Pues en la comunicación igual. No vale decirle a una persona que la adoras con cara de fastidio. Los gestos y movimientos del cuerpo y de la cara enfatizan lo que decimos, transmiten emociones y apoyan el mensaje.

Al igual que el lenguaje no verbal apoya nuestros mensajes, existen varios elementos que los dificultan, veamos cuales son:

 

La percepción personal:

Existen tres tipos de mensajes

  • El proyectado o pensado: el que queremos dar.
  • El transmitido: lo que estamos transmitiendo en realidad.
  • El recibido: el que está entendiendo el receptor.

 

El típico caso de querer decir algo, transmitir otra cosa muy distinta y que nuestra pareja entienda lo que quiere.

¿Y por qué ocurre esto? pues porque en el proceso de degradación del mensaje entendemos lo que nos conviene. Vemos y escuchamos lo que queremos.

 

Filtros:

Las personas solemos poner filtros a según que temas de conversación. O sea, que si lo que me estás contando es un tema que no me interesa, no escucho. Es cómo un sistema antispam, si el tema no es de mi agrado va a ir a la papelera. Voy a resetear mi cerebro hasta que encuentres un punto que capte mi total atención.

Lo que suele pasar cuando empiezas a contarle a tu novio la lista de cosméticos que te has comprado o la charla que has tenido con alguna amiga. Hacen oídos sordos a todo lo que le cuentas y se quedan tan anchos.

 

El nivel emocional:

Esto es un dato bastante curioso. El nivel emocional de una conversación condiciona cualquier razonamiento. Es decir, si cuando estamos intentando comunicarnos el receptor se encuentra muy alterado, se siente atacado o el tema le produce rechazo, el cerebro se le “bloquea”.

Literalmente, la zona prefrontal del cerebro deja de recibir riego sanguíneo, lo cual dificulta que piense con claridad y necesite huir de la conversación.

¿Te suena la frase “ahora no quiero hablar de eso”? Ahora ya sabes la razón. Es necesario que ambos estéis calmados cuando quieras comunicarle algo importante.

 

Deducciones:

Siguiendo en la línea de la percepción personal subjetiva donde dice que escuchamos lo que queremos, a veces también adivinamos lo que la otra persona nos quiere decir en realidad, y aunque no se haya dicho de forma explícita, “yo supongo que ha dicho esto por X razón, porque yo sé que cuando dice tal cosa es porque en realidad piensa que blablabla….”

Suposiciones, simple y llanamente. No pongas en boca del receptor algo que no ha dicho pensando que era en realidad lo que quería decir. No estás dentro de su cabeza.

 

Presuposiciones:

Dar por hecho que los demás saben o entienden cosas que para ti están claras.

Poco tiene que aclarar este punto. Puede que a ti un tema te resulte de lo más familiar, o que haya pasado algo y das por sentado que tu pareja se ha enterado.

Ejem: “he tenido una discusión monumental con una amiga de ambos y a estas horas seguro que se ha enterado, pero míralo, anda que se va a molestar en llamarme para preguntar”.

No presupongas, comunícate, explícate, cuenta qué te ha pasado, pregunta primero y después saca tus conclusiones.

 

Falta de empatía:

No entender los problemas e intereses de tu pareja, no sintonizar con su punto de vista en ningún momento.

La empatía es súper mega importante al comunicarte con los demás. Te permite ponerte en su situación y entender qué es lo que está sintiendo.

 

Las personas empáticas son mucho más cercanas y agradables en el trato. Son las típicas personas a las que te acercarías en un momento de angustia porque sabes que te va a entender y te dará su punto de vista sin necesidad de criticar.

 

Así que piénsalo bien. ¿Quieres ser la primera persona en la que tu chico pensaría si tiene problemas… o la última?

 

Falta de retroalimentación:

Para que una conversación dé los frutos que buscas necesitas saber si la otra persona te está escuchando, si le interesa lo que dices o si lo está comprendiendo.

Una conversación efectiva se basa en compartir opiniones, de lo contrario sería un monólogo. No des discursos, deja espacio para el diálogo.

 

Conclusiones finales

En todo caso, y según las leyes de la comunicación, que el mensaje sea perfectamente entendido es responsabilidad total del emisor y no del receptor.  Atenta pues:

  • Busca lugares apropiados para hablar sin interferencias. Nada de sitios llenos de ruido.
  • Utiliza bien la comunicación no verbal: modera el tono de voz y evita utilizar movimientos bruscos con el cuerpo.
  • Identifica los filtros que pone el receptor para no prestarte atención y encuentra puntos para captar su interés.
  • No des por supuesto cosas que no sabes, las personas solo percibimos el 10% de lo que ocurre en realidad.
  • Practica la escucha activa: no hables como un papagayo, deja que la otra persona también exponga lo que tenga que decir.
  • Utiliza la empatía. La transmisión de un mensaje es mucho más efectiva cuando te pones en los zapatos del otro. Ententa saber cómo se siente y la relación saldrá reforzada.
  • No deduzcas. No intentes poner en palabras del otro, cosas que no ha dicho “porque aunque no lo ha dicho te parece a ti que lo piensa”. O sea, NO.

 

 

Una buena comunicación refuerza las bases de toda pareja. A veces intentamos encontrar puntos de unión en cosas muy sofisticadas y olvidamos que existen otras mucho más efectivas que obviamos por su simplicidad.

 

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