El post de hoy va dedicado íntegramente a una palabra que sinceramente me encanta: Abundancia.

La vida es generosa y el amor es una de las mayores fuentes de abundancia que podemos encontrar.

 

Cuando una mujer siente que no hay hombres, que todos son mentirosos o infieles, que el amor verdadero no existe, que no dura, que solo hace sufrir o cualquier otro pensamiento negativo sobre él, automáticamente el amor se esfuma.

 

Si estás convencida de que, salvo por un golpe de suerte, nunca vas a encontrar amor, puedes estar segura de que no lo encontrarás. Tus profecías se cumplirán porque estás dando por hecho que así será.

El amor existe y todos podemos encontrarlo, pero no será por obra de la suerte o el destino. Es algo que nosotros creamos y, para poder crearlo, necesitamos darle un giro de tuerca a todos esos pensamientos y creencias que no nos sirven de nada.

El amor abundante tiene sus propias leyes. Sencillas de entender y de cumplir, pero desconocidas para la inmensa mayoría de las personas.

 

Ley de abundancia 1: el pensamiento.

Somos aquello que pensamos. Si abrigas pensamientos de derrota, te sentirás derrotado; si tienes pensamientos felices, sentirás felicidad, Los pensamientos de odio harán que experimentes odio y atraerás odio, y los pensamientos de amor te harán sentir amor y atraer amor. Es así de sencillo.

Todos, sin excepción, elegimos lo que deseamos pensar. Y una forma consciente de decidir qué queremos ser, creer y pensar es a través de las afirmaciones.

Una afirmación es un manifiesto en voz alta o en silencio que, repetido lo suficiente, cambiará tus pensamientos y creencias.

Por ejemplo, si crees que es muy difícil encontrar pareja o que es imposible mantener una relación feliz y estable, puedes empezar a cambiar esa creencia mediante las siguientes afirmaciones:

“Las relaciones de pareja surgen fácilmente” o “Tengo capacidad para crear relaciones felices en mi vida”

Las afirmaciones cambian nuestros pensamientos y creencias subconscientes. Nuestros pensamientos determinan lo que hacemos y lo que hacemos define nuestro destino.

Repite las afirmaciones tantas veces como sea posible a lo largo del día y cómo mínimo tres veces. Al despertar, durante el día y al acostarte.

Piensa que es posible, que tu pareja ideal está ahí afuera y que aparecerá a su debido momento. Pero para poder reconocerla es necesario saber cómo es la persona ideal para ti.

Si no sabes qué características te gustaría que tuviera, es muy fácil que te dejes aconsejar por la atracción, la necesidad o el miedo a la soledad y acabes con la persona equivocada.

 

Ley de abundancia 2: el respeto

No puedes amar a nadie a menos que antes lo respetes. Es así de claro, si no lo respetas no lo amas.

El respeto es una pieza fundamental en el amor y la primera persona a la que necesitas demostrar respeto es a ti misma. Si no te respetas no puedes amarte, y si no te amas no podrás amar a los demás de una forma sana.

Hay que empezar a entender que todos somos especiales y únicos. No hay otra persona en el mundo igual a ti. Aprende a valorarte y a aceptarte, independientemente de lo que la gente diga o piense sobre ti. Si tú te respetas, los demás te respetarán por inercia.

Si te cuesta encontrar motivos para respetarte, pregúntate qué te gusta de ti mismo. Tu cerebro buscará y encontrará aspectos dignos de respeto.

Hacerte esa misma pregunta sobre otra persona también es muy útil para mejorar tu relación con ella, especialmente si esa persona no te agrada, de esa forma te centrarás en lo que respetas de ella en vez de en lo que te disgusta.

Comprobarás que tu actitud hacia esa persona cambia y resulta más fácil demostrarle amor o afecto.

 

Ley de abundancia 3: la entrega

Para poder recibir amor, todo lo que tienes que hacer es darlo en abundancia. Cuanto más des, más recibirás.

Cualquier cosa que hagas por el simple placer de demostrar a alguien que lo aprecias y lo quieres, sin condiciones y sin intención de recibir nada a cambio, volverá a ti con creces.

 

El amor siempre viene de vuelta. Es posible que no vuelva de la misma persona a la que tú se lo entregaste, pero de una manera u otra volverá. Y volverá multiplicado.

 

A veces nos empeñamos en dar, sin darnos cuenta de que lo que estamos dando no es lo que la otra persona desea recibir. Decidimos por ella.

Da lo mejor de ti siempre, pero no impongas algo que los demás no desean, ni siquiera el amor. Entregar sin condiciones no sólo te ayuda a sentir amor sincero, sino que además te ayuda a construir relaciones sanas y con corazón. Nunca falla.

Sé generoso. Uno de los problemas que tenemos la mayoría de personas es que pensamos que amamos de forma incondicional, pero somos egoístas. Damos únicamente para recibir.

Practica al azar actos de bondad para acostumbrar a tu mente a dar sin necesidad de recibir nada a cambio. Si de verdad disfrutas compartiendo y entregando en abundancia, los demás lo percibirán y querrán formar parte de tu vida.

 

Ley de abundancia 4: la amistad

Para hallar el amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo verdadero.

La base de una relación se construye compartiendo creencias, metas y aficiones, además de sintiendo respeto y admiración mutua.

A la hora de buscar pareja, asegúrate de compartir con ella creencias, valores y metas en vez de centrarte exclusivamente en la atracción física que puedas sentir. Si no tienes nada en común con la otra persona es muy difícil que la relación pase de un par de años.

A menos que os convirtáis en los mejores amigos, la relación no durará. La amistad es un elemento crucial si deseamos crear una relación duradera y feliz. Necesitas poder confiar en tu pareja, contarle tus cosas, divertirte con ella, pedir su consejo o ayuda y saber que estará ahí cuando más lo necesites.

Para saber si una persona puede llegar a ser tu pareja ideal o no, es bueno preguntarse “¿es mi mejor amiga? ¿confío en ella? ¿puedo contar con ella en todo momento?” Si la respuesta es negativa deberías considerarlo dos veces antes de comprometerte más en la relación.

 

Ley de abundancia 5: el contacto físico.

Las personas que más uso hacen del contacto físico son las más seductoras. Son consideradas personas afectuosas, espontáneas, sinceras y cercanas.

Cuando acariciamos a alguien o lo tocamos con cariño, el estrés se reduce, el sistema nervioso se relaja, el sistema inmunológico mejora y nuestras emociones y estado de ánimo cambian. Ambas partes se benefician del contacto.

Los abrazos, los besos o simplemente cogerle la mano a una persona son vitales si deseamos dar y recibir amor. Nos gustan las personas generosas, por eso si deseamos recibir amor en abundancia es primordial que aumentemos el contacto físico.

Seguro que has observado que pocas personas se tocan al darse dos besos o que la mayoría de los miembros de las familias nunca se abrazan. La falta de contacto físico, y en consecuencia de afecto, es la causante de muchos de los problemas que sufre la sociedad.

 

El contacto físico es una de las expresiones de amor más poderosas que existen, rompe las barreras y crea vínculos entre la gente.

 

En definitiva, las personas que no temen o evitan el contacto físico son más receptivos al amor.

 

Continuará…

 

 

 

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