La búsqueda del alma gemela existe casi desde el principio de los tiempos.

En todas las culturas podemos encontrar algún tipo de referencia a la existencia de una época en la que no había diferencias entre hombres y mujeres, unidos y compenetrados en una misma persona.

Leyendas sobre un ser completo que poseía los dos sexos y que en algún momento incierto se separan.

A partir de ese momento de ruptura y dolor profundo empieza la búsqueda desesperada de la otra mitad de nosotros mismos, que se encuentra a su vez buscándonos en algún lugar del mundo.

Nuestro amor verdadero y auténtico. La persona con la que sentirnos al fin completos.

Nuestra alma gemela.

 

Venus y Marte

Venus (diosa romana del amor), también llamada Afrodita en la mitología griega, ya estaba casada con su alma gemela: Vulcano (dios del fuego). Pero su carácter inquieto le llevaba a seguir buscando el amor verdadero en innumerables amantes, ya fueran dioses o humanos.

De entre todos ellos, se enamoró de Marte (dios romano de la guerra y la estrategia), con el que mantuvo una relación tormentosa aunque muy apasionada durante años.

 

Una relación “marciana” es aquella en la que saltan chispas, la del amor irracional que surge a primera vista. Amores que se basan en la pasión, que empiezan en un torrente de emociones y acaban con gran sufrimiento.

 

Todas hemos tenido este tipo de relación en algún momento. Nos ponen a prueba, sacan lo mejor y lo peor de nosotras mismas. Hacen que potencies el ingenio para poder conservar al ser amado, pero también pasamos mucho tiempo lastimadas y suelen ser relaciones que acaban con la autoestima.

La herida producida por un amor marciano puede tardar mucho tiempo en sanarse y es por ello que tememos entregarnos de nuevo a otra relación cuando esta termina.

Empezamos por tanto una época de cinismo e incluso desprecio por las relaciones de pareja.

Cuesta mucho volver a confiar, y esa falta de confianza en el amor es lo que nos lleva a la siguiente historia.

 

Venus y Mercurio.

Mercurio (dios de la medicina) es inteligente, es comedido, es tranquilo y es fiel. Venus llega a Mercurio muy lastimada tras su larga relación con Marte, y elige quedarse junto a Mercurio guiada por la mente y no por el corazón.

Es una relación tranquila, más previsible, más comprometida y por supuesto menos pasional.

Venus se siente valorada, respetada y amada por Mercurio, cosa que nunca pasó junto a Marte. Es su mejor amigo y compañero, aunque sexualmente no es lo que ella espera.

Es cierto, falta pasión, pero Venus lo compensa con otro tipo de cosas.

 

Una relación “mercuriana” puede detener a una persona en su búsqueda del alma gemela e incluso hacer que se quede en ella toda la vida. La comodidad y la seguridad de la relación parecen suficientes, aunque en su interior exista un gran vacío que no quiere reconocer y del que no se permite hablar.

Venus sólo conecta con su sufrimiento en contadas ocasiones.

 

Aparentemente todo es perfecto, pero una relación mercuriana no llenará tu vacío interno.

Tu naturaleza romántica y el deseo de encontrar a tu amor auténtico siguen vivos en tu corazón, por mucho que la mente y la razón te digan que es ahí donde debes estar.

 

Alma gemela y equilibrio.

  • Una relación mercuriana no es ni mucho menos una relación de amor equilibrada. Tampoco lo es la relación marciana. Ambas se caracterizan por una gran carencia, una de cordura y la otra de pasión.
  • Podemos autoengañarnos pensando, si estamos en alguna de estas relaciones, que realmente tenemos lo que necesitamos, pero en algún momento tu vacío interno te va a recordar que algo está fallando, y ese vacío del que hablo puede ser muy peligroso y manifestarse con el tiempo en forma de enfermedad, ansiedad o depresión.
  • El equilibrio no está en los extremos. El equilibrio se encuentra abrazando lo mejor de cada extremo.
  • La búsqueda del alma gemela comienza por reconocer en ti misma las cualidades que admiras en los demás. Si no estuvieran en ti no las admirarías.
  • Si la persona en la que estás interesada no tiene ninguna de esas cualidades que admiras, no es tu alma gemela. No pierdas energía y tiempo en tratar de conquistarla.
  • Toma conciencia sobre el porqué de tu impulso hacia las relaciones marcianas o mercurianas y comienza a partir de ahora la búsqueda responsable de tu alma gemela.

 

El alma gemela no viene caída del cielo. No te precipites y sana primero tus heridas.

El amor verdadero sólo llega cuando sientes que estás plena, cuando tu misma eres capaz de llenar el vacío interno que te carcome por dentro y no necesitas que nadie venga a rescatarte de tu soledad.